martes, 25 de agosto de 2009

ANNA y MIA HAY 3 BILLONES DE MUJERES EN EL MUNDO PERO SÓLO 8 SON SUPERMODELOS





Me tomo el primer café de la mañana leyendo una esquela en el periódico con su consiguiente atraganto. Ha fallecido "D de las M.", las siglas de una mujer de 25 años de edad, a quien, hace algún tiempo, por motivos profesionales conocí. 

"D", a la que llamaré Daniela pronto, durante su adolescencia, se hizo amiga de ANNA y de MIA.

Este par se convirtieron en sus mejores amigas, mientras buscaba la perfección, no sólo estética, sino también en su vida. Una niña rotundamente exigente consigo misma. Tenía que ser la mejor en todo, la más lista (estaba por encima de la media de su clase), la más elástica (en aquellos años practicaba un deporte encaminado a la élite), la más simpática (que lo era) e incluso la más guapa (a mis ojos era bien bonita). Pero ANNA y MIA, como digo, entraron en su vida, Daniela se estaba convirtiendo en una mujer, había ganado peso, su cuerpo había adquirido unas formas voluptuosas que casaban poco, a su entender, con sus ganas de seguir siendo "la mejor en todo". Al principio, nadie observo nada fuera de lo normal, Daniela hacía su vida, estudiaba en otra ciudad, estaba estupenda, y había decidido ponerse a dieta como el 80 por ciento de mujeres de este país. Ninguna señal de alarma hasta que un día su madre, con la que no convivía desde hacía meses, la vio completamente desnuda. Algo estaba pasando, Daniela ya no era voluptuosa, apenas tenía pecho, su esqueleto se transparentaba bajo su piel, y apenas menstruaba. Empezó, en aquel momento, un calvario para todo el mundo, en especial para ella, grandes batallas, grandes mentiras, intentos de engaños, psiquiatras, psicólogos, medicinas alternativas, abogados y finalmente los Tribunales. 

La madre de Daniela me vino a ver, tenía una hija, con unas compañías terroríficas que la estaban llevando camino a la tumba. Su hija se negaba a comer y, cuando lo hacía, se negaba a mantener lo ingerido en su cuerpo, había empezado incluso a autolesionarse. Vi a Daniela en distintas ocasiones, acompañada de su psicóloga. Le explicamos que se estaba matando (menuda estupidez, como si ella no lo supiera), y le hicimos saber que si no se sometía a un tratamiento definitivo, volvía a residir en casa de su madre y cumplía las estrictas pautas que el médico determinara, solicitaríamos su ingreso judicial involuntario en un centro para, por lo menos, intentar evitar que se matara. No sirvió de mucho, a todo nos dijo que sí, pero claro, con la boca pequeña.

Daniela ingresó voluntariamente en una clínica, no en una, ni en dos, ni en tres ocasiones. Se trató de sus problemas alimenticios y psicológicos y, con el tiempo, los médicos decidieron que estaba lo suficientemente bien para seguir un tratamiento ambulatorio. Daniela salió a la calle, y como no podía ser menos, ANNA y MIA, seguían esperándola, para eso eran sus únicas amigas. Comenzaron a alternar de nuevo y Daniela, que no era tonta y sabía que la vigilaban de cerca, y no precisamente sus amigas, quiso poner tierra de por medio y marchó a estudiar al extranjero. Y así, ella junto a ella, su maleta y su beca, marcharon sus amigas. Con el tiempo se instaló a vivir allí donde marchó a estudiar, encontró un trabajo que junto con unos ahorros que tenía producto una herencia recibida, le permitían no depender de su madre, ni de su padre. Apenas venía a España.

Seguí manteniendo contacto con su madre por cuestiones bien distintas. Prácticamente nunca más, salvo aquellas horrorosas intervenciones que tuve junto a su psicóloga, volví a tener contacto con Daniela.

Hoy he leído su esquela, y estoy segura que la velan la maldita ANNA (anorexia) y la maldita MIA (bulimia).


PD.: Algo está fallando en nuestra sociedad cuando la gente se nos muere de algo tan complejo como es la anorexia y la bulimia.

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