viernes, 28 de agosto de 2009

DE LAS DECEPCIONES


Se ha instalado la decepción. No le ha gustado nunca tener la sensación de las cosas mal cerradas y las palabras a medio decir.
Decepcionarse, no es más que la frustración al desengañarse de lo que no satisface las expectativas generadas, de las promesas insinuadas, pero no de promesas realizadas. Una promesa hecha y no cumplida sería un engaño y ahí, desde luego, no se ha llegado en este tiempo.
La mayor decepción, descubrir que lo descubierto nada tiene que ver con lo intuido, con lo percibido, con lo incluso revelado y dicho.
El tiempo, junto con el desconocimiento, el desconcierto y las falsas apariencias, se ha convertido en el auténtico yunque que ha terminado por hundir la pequeña y frágil estructura levantada. 
Y la eterna pregunta ¿Dónde le sitúa eso? Ni lo sabe. Las cosas cuando no se dan en el momento adecuado no sirven para nada, sólo para confundir y dejar al doliente con cara de lelo mientras las ve pasar.
Así que hoy no queda otra que abrir las puertas y las ventanas, dejar entrar el aire, y ventilar las entrañas del alma, y aprender, de nuevo, a golpe de los golpes de la vida, que la prudencia es la mejor aliada y que lo aparente no es real. Que quedarse en cueros a la primera de cambio nunca ha sido una buena opción. 
En algún momento terminará por descubrir que continua vivo, pese a los cambios, las decepciones y las alegrías en las que se situará de nuevo, bendita incongruencia vital.
Y es que no queda otra que capear los temporales y buscar nuevos rumbos en espera de encontrar aguas más tranquilas, apetecibles y menos decepcionantes, pero con la mano tendida, a fin de cuentas en nuestra vida no existe la tecla "delete".

Rachael Yamagata - 1963