martes, 19 de enero de 2010

ACORDES y HUMO


La busca con la mirada sin verla, pero sabe que está ahí. La intuye sentada en el mismo rincón de siempre. La luz es tan tenue que la oscuridad es casi total, pero no necesitan más. Sobre el escenario, un hombre; en la sala, una mujer. Unos acordes de fondo, y el mundo se detiene sólo para ellos dos. Contienen la respiración, cierran los ojos, empieza la transformación y nace un mundo. Ella se convierte en humo y, deslizándose cadenciosamente, lo envuelve en un etéreo abrazo que la acomoda transformada en un perfecto cordaje en el mástil de su contrabajo. Transfigurado por la existencia de un efímero momento, puntea voluptuosamente las cuerdas modelando la banda sonora de una vida fugaz. Dos últimos acordes y desaparece la magia. Sobre el escenario un hombre sólo, una melodía de fondo y en la escalera, una sombra que se pierde. Mañana, se reinventarán de nuevo, cada uno por su lado, pero nada volverá a ser lo mismo.