jueves, 21 de enero de 2010

DESPISTES Y METIDAS DE PATA


No somos perfectos, pero casi. Listado de despistes y metidas de pata producidos durante los últimos diez días:
  • Dejé el gato encerrado en la terraza durante más de 12 horas un día que estábamos a dos grados. No me di cuenta, el pobre había salido a estirar las patas mientras ventilaba la casa por la mañana.
  • Puse el dosificador del agua de beber a una garrafa de agua destilada. No leí la etiqueta.
  • Me subí a un tren de cercanías que iba hacia el interior de mi provincia cuando tenía que ir hacia la costa. No fui consciente de ello hasta que llevaba más de media hora de trayecto. Llevaba el Ipod en los oídos mientras lo esperaba y no oí el anuncio del recorrido.
  • Me presenté en un restaurante en el que había quedado para comer en día de la semana que no tocaba. Me di cuenta cuando llevaba más de media hora esperando y dos vermuts en el coleto
  • Perdí un vuelo de avión, provocando un desastre laboral.
  • Me fui a trabajar con los zuecos Gunnel's de estar por casa y me di cuenta al ir a coger el autobús. Iba monísima de la muerte y original del pasmo.
  • Compré un pantalón estupendísimo de Max Mara, que me costó una fortuna, al que le faltaba un palmo para poder cerrarlo. Confundí la talla. Todavía creo en los milagros.
  • Me dejé las llaves de casa dentro, sin posibilidad de tener otro juego. Eso fue por puro “perrerismo”.
  • Me lavé la cabeza con el suavizante mimosín en bote tamaño viaje, en lugar de con el champú del pelo. No volveré a dejar los botes que no tocan en el marmol del baño.
  • Bloqueé la tarjeta de crédito. Olvidé el pin y pulsé un montón de números, parecía que estuviera jugando al bingo. Soy de letras, los números me marean.
  • Confundí a la suegra de mi mejor amigo con su mujer y, cuando descolgó el teléfono, la llame “Poderosa Zorra”. Prometo no volver a hacerlo.
  • Y podría seguir, pero casi que me avergüenzo.

Así que para evitar mayores desastres, ayer noche, decidí llenar mi bolso de todo tipo de cosas que me permitan evitar estos desastres, antes de que el asunto tome mayores proporciones. De manera que ahora, además de los cachivaches habituales llevo:

  • Un saquito de rabos de pasa para la memoría (obsequio de mi hermana, la ecologista, estas navidades).
  • Dos agendas de papel y dos teléfonos agenda (regalo de una revista y de un compañero).
  • A las llaves de casa, del garaje, del trabajo les he puesto una de esas citas que van con un ganchito para no perderlas. Ahora parezco el sereno de mi barrio.
  • Un listado con las claves, pins y demás historias que no me sirve para nada pues, por precaución, no he apuntado a su lado a que corresponde cada cosa.
  • Un blister de “Pharmaton complex” para cuando me da el bajón.
  • Un paquete de tampones tampax, las sorpresa no siempre son agradables.
  • Una cajetilla de Malboro. Para cuando me da el ataque y debo tomarme un respiro ¿incongruente?, puede ser.
  • Siete cajas de pastillas “Smint” de menta, de esa azules, que devoro compulsivamente (eso es por gusto).
  • Una foto de las Islas Feroe. Para recordarme que tengo un sitio al que ir y que pese al insomnio que me impide dormir, aún sueño.

Parece un anuncio publicitario, lo sé. Pero como mis despistes y metidas de pata van en aumento, he decidido hacer el listado para que si a alguien se le ocurre una solución distinta a las que de urgencia he adoptado, pues que me lo diga. Ah! y de paso, decir a las marcas que relaciono, que si lo leen, que me manden unas muestras, que la publicidad no es gratis.


P.D.: Si el tema no se soluciona, prometo llamar a Iker Jímenez o a la Pitonisa Lola, al que primero encuentre.