lunes, 13 de septiembre de 2010

COFFEE PLEASE

Le conocí mientras contemplaba una pintura que yo no entendía. Le ví sentado frente a un cuadro incomprensible al cruzar la sala en busca de la salida. Nunca me he orientado bien. Me perdí por pasillos que se retorcían, una y otra vez, hasta que volví a aparecer frente al tipo que estaba sentado, inmóvil, con la mirada perdida en un cuadro que la sombra de la tarde oscurecía de un modo más que extraño.
Me dolían los pies, había sido mi primer día de trabajo. Me senté cerca, intentando no hacer ruido. Aún no sé como ocurrió pero terminamos en mi casa. No le pregunté su nombre, tampoco él el mío. Quizá porque ni a uno ni a otro nos interesaba en exceso. A veces pienso que al acostarme con extraños sólo me estoy buscando a mi misma.
Antes de marcharse, mientra yo continuaba durmiendo, dejó sobre la mesa de la cocina una taza de cerámica de la exposición en la que nos vimos. Debajo encontré una nota: Una buena noche no sirve de nada si por la mañana no puedes recordarla tomando un café.
No nos volvimos a ver jamás.
A veces, cruzo aquella sala y me sorprendo mirando el banco donde le encontré sentado. La pintura hace siglos que desapareció con la misma itinerancia con la que llegó, pero, no sé porque motivo, desde entonces, cuando camino frente a aquel banco, en el aire flota el aroma a café.


Chucho Valdes - Berceuse a Jessie