viernes, 24 de septiembre de 2010

EARL GREY


Creía sufrir una transformación casi divina desde que ella marchó. Estaba tan convencido que cuando, a modo de saludo cortes, le preguntaban “¿Cómo estas?”, respondía dando hasta el último detalle del nuevo estado en el que vivía. Su último delirio majestuoso, la recién adquirida capacidad de mutar del color al blanco y negro en función de su estado de humor. En las últimas semanas se había convertido en el negativo de su propio yo. Ahora lo veía todo bajo la gama de los grises. Al principio le hizo gracia, le daba la sensación de estar en medio de una película antigua pero, a medidas que pasaron los días, la falta de color empezó a agobiarle. Comenzó a pensar que lo que él creía una buenaventura pasajera podía eternizarse. En sus momentos de lucidez no encontraba ninguna explicación a la perdida del technicolor. Tal vez, ese verse por su cara B, fuera  la consecuencia de la decisión de su inconsciente incontrolado. Empezó a preocuparse. Visitó a decenas de médicos que le dijeron que no sufría enfermedad alguna y que tal vez debería tomarse una vacaciones, o  quizá visitar a un psiquiatra. Cuando desconfió que la ciencia le devolviera a su estado policromo, acudió a los curanderos más estrafalarios. Durante meses le marearon y su situación no mejoró. Una mañana, mientras intentaba afeitarse descubrió que la sombra que habitualmente se le dibujaba bajo el cuello, había desaparecido. Fijó su atención en las ojeras que tenía desde niño, habían desaparecido. Cerró los ojos con fuerza, se los frotó hasta hacerse daño, pensando que de esa manera, se le revelarían de nuevo sus matices. Al abrirlos, descubrió que se había convertido en una figura plana, sin dimensión, la gama de los grises había desaparecido. Blanco, negro y sin volumen.
Por fin lo comprendió. Se tumbó sobre la cama, cerró los ojos. Sólo le quedaba esperar, en menos de lo que creía, no quedaría nada. Se había ido descargando, sin remedio, y nadie lo sabría.


pt - Amos Lee: Colors