viernes, 30 de julio de 2010

MIGRAÑOSIC GÜOMAN o echando el cierre una noche de verano




Sufro de migrañas desde mi más tierna infancia. Dolores de cabeza tan espectaculares que empiezan clavándose sobre el parpado, generalmente derecho, siguen rodeándome la cabeza hasta clavarse como un puñal en la nuca. Me provoca fotofobia, aversión a los olores fuertes, al humo del tabaco, nauseas, mal sabor de boca y unas inmensas ganas de morirme. El estrés y otros bichos acabados en -és  suelen incrementarlas. 
Siempre he creído que el día menos pensado me dará un chungo en forma de ictus y me quedaré babeando por siempre más. 

Que nadie se asuste, no sé si las jaquecas tienen algo que ver con los ictus, esa es sólo una asociación de malas cosas que hago yo porque tengo tendencia al victimismo y a la autodiagnosis de las enfermedades más variopintas. Así que tranquilos, sólo yo me quedaré tontita de una migraña que desembocará en un ictus.

¿Por qué explico mis estados migrañosos que no interesan a nadie? Pues porque hoy no tenía demasiadas ganas de estrujar otra cosa que no fuera una naranja y no sé qué escribir. Llevo unos días muy estresantes, durante cuatro seguidos he soportando un taladro clavado en el cerebro, se me ha descompuesto el equilibrio de mi flora mental, he sufrido algunas pérdidas y eso me ha dejado para el arrastre pero, por fin, esta tarde he podido dejar el ibuprofeno.

Sé que podría ahorrarme escribir esta inmensa parida pero no quiero hacerlo, voy a continuar colgándolas hasta que me canse. Así que, como la de hoy ya está dicha, puedo considerar que he cumplido con mi cometido y puedo poner fin a esta jornada. 

Soy una migrañosic güoman que ha triunfado. He sobrevivido al mes del horror  y, por fin, ha llegado el momento de cerrar los campamentos de invierno y calzarnos las chancletas.

Han llegado las vacaciones. Bienvenidas sean.