domingo, 26 de diciembre de 2010

BUENOS DIAS TRISTEZA -Françoise Sagan- (Fragmento)


Cuando cumplí los 22 años pensé que la tristeza era un sentimiento que nos podía devastar. Acababa de leer "Buenos días tristeza" y arrastraba conmigo la sensación incierta que, en la mayoría de ocasiones, no eramos merecedores de ese sentimiento. Hoy, muchos años más tarde, continuo pensando que la tristeza es un sentimiento devastador pero no tengo tan claro lo segundo.
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"A las tres, después de su marcha, bajé a la playa. Hacía un calor agobiante. Me tumbé en la arena, me quedé semidormida y la voz de Cyril me despertó. Abrí los ojos: el cielo era blanco, anegado de calor. No contesté a Cyril; no tenía ganas de hablarle, ni a él ni a nadie. Toda la fuerza del verano me clavaba en la arena; me pesaban los brazos y tenía la boca seca.
-¿Estás muerta? -dijo-. Desde lejos parecías una ruina, estar abandonada...
Sonreí. Se sentó a mi lado y mi corazón se puso a latir sorda y fuertemente, porque, al moverse, su mano había rozado mi hombro. En diez ocasiones, durante la última semana, mis brillantes maniobras navales habían dado con nosotros en el agua, enlazados uno a otro sin que sintiese la menor turbación. Pero hoy, bastaba con el calor, con la somnolencia, con aquel gesto torpe, para que algo se desgarrase suavemente en mí. Volví la cabeza hacia él. Me miraba. Comenzaba a conocerle: era equilibrado, más virtuoso de lo que habitualmente se es a su edad. Por lo tanto, nuestra situación -aquella curiosa familia de tres- le chocaba. Era demasiado bueno o demasiado tímido para decírmelo, pero yo lo notaba en las miradas hoscas y de soslayo que lanzaba a mi padre. Habría querido que todo aquello me martirizase. Pero no era así, y la única cosa que en aquel momento me turbaba era su mirada y los violentos latidos de mi corazón. Se inclinó hacia mí. Volví a ver los últimos días de aquella semana, mi confianza, mi tranquilidad junto a él y lamenté la cercanía de aquella boca amplia y algo pesada.
-Cyril -dije-, éramos tan felices...
Me besó despacio. Yo miraba el cielo; después ya no vi más que luces rojas brillando bajo mis pupilas contraídas. El calor, el aturdimiento, el sabor de los primeros besos, los suspiros, pasaban en largos minutos."


Gabriel Yared - Ada Plays