viernes, 8 de julio de 2011

AQUÍ Y ALLÍ


«-¿Sabes que no había pensado, Enaiat?
   -¿En qué? 
  - En el hecho que sentir es muy diferente de mirar. Es menos doloroso, ¿verdad? Permite jugar con la fantasía, transformar la realidad». *

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Cuando leí parte de este diálogo, me acobardé de inmediato y pensé que si dejaba de mirar, de prestar atención a lo que veía, intentado emular a Enaiatollah Akbari, entregándome sólo a los sentimientos, fantaseando con ellos,  podía acabar convirtiendo mi vida en un sufrimiento continuo.

Comenté el párrafo y afirmó compartirlo de principio a fin. Dijo preferir sentir e imaginar, cómo el único modo que conocía para subsistir en un mundo que había adoptado una tonalidad absolutamente gris.  Dijo  que sólo de esa manera, sintiendo,  imaginando y viviendo en un mundo creado a su medida, podía controlar la intensidad de su dolor y de sus alegrías.

Cerré el libro, habían dejado de interesarme las desventuras de Enaiatollah. Me pregunté quien había cambiado al ser pragmático que un día fue para transformarlo en un individuo sentimental  y soñador, cuasi enamorado de su nuevo mundo.

Corrí hacia el espejo, llevé las palmas de las manos a mis mejillas, y me sentí. Sólo así supe que mi desmadejado yo, seguía intacto aquí y allí también .

© Fotografía naq

* "En el mar hay cocodrilos. La verdadera historia de Enaiatollah Akbari" de Fabio Geda.