miércoles, 6 de julio de 2011

HABLEMOS DE SEXO BAJO UN OLIVO


Que pasaría si ustedes, de golpe y porrazo, espetaran: “No cambio una juerga con mis amigas más que por una noche de sexo desenfrenado con un hombre que me haga morir de la risa”,  pues yo se lo digo, provocarían cientos de comentarios jocosos, divertidos, entorno al sexo, a las fiestas, entorno a cualquier cosa que permita hacer un poco de guasa en relación al tema. 
Lo digo con conocimiento de causa y muchos de los que leen este blog también lo saben, ellos mismos han participado en una graciosísima sarta de comentarios, en facebook, en la que en menos de 10 minutos se han colgado aproximadamente cien comentarios a la anterior afirmación. 

Para pensárselo, ¿no?  ¿Dónde está la gracia? ¿En las fiestas con la amigas? ¿En el sexo desenfrenado? ¿En el hombre divertido? ¿En hablar de sexo? Pues yo lo tengo claro, la gracia está en que nos gusta hablar de sexo y, sobre todo, nos gusta reírnos con el sexo, hablando de él y, por supuesto, disfrutando de él.

Y es que a todos, por lo general, nos gusta el sexo, el buen sexo. En mi caso, si además viene acompañado de unas buenas risas entonces ya me elevo al séptimo cielo, hago doble pirueta y canto el Hulalá. Y es que no hay nada como morirte de la risa mientras andas enzarzado en el cuerpo de otro.

Todos tenemos anécdotas de episodios sexuales absolutamente cómicos que merecen pasar a los anales de nuestra historia personal. Algunas de ellas no son destacables por habernos convertido en meteóricas máquinas sexuales, sino por otras cosas. Piensen en alguna que les haya ocurrido y les haya parecido especialmente divertida, seguro que cuando la recuerden se les pone una sonrisa de oreja a oreja.
Voy a dejar abierto este post para que cada uno deje escrita la que considere una de las anécdotas sexuales divertidas que les hayan ocurrido.

Dejo apuntado: un olivo; una luna lunera y cascabelera;  un par de cepillos de dientes; una cama flotante;  más sueño que carpeta y unas risas que se escucharon hasta en "Las Kio". Métanlo todo en una coctelera, agiten e imaginen lo más desternillante. Aún hoy, cuando lo recordamos, las risas nos desmelenan. Y es que es lo bueno de estas cosas, que no sólo las gozas en el momento sino que tiempo más tarde aún tienen más gracia. Y es lo que tiene el sexo, que si bueno es tenerlo, contarlo no le va a la zaga.

Llega la hora de las risas, dejen sus anécdotas, queda abierta la veda, y ahora no se corten.