miércoles, 20 de julio de 2011

SOMBRAS

Creemos disponer de todo el tiempo del mundo. Que mañana podremos hacer todo lo que queremos hacer, decir todo lo que necesitamos decir, porque el  mañana siempre está ahí, presto a llegar. 
Por eso, en muchas ocasiones, aplazamos abrazar, besar, conversar, y aplazamos sin pensar que tal vez ese mañana no llegue nunca. Nos cuesta perder el tiempo en cosas sencillas, simples. Las ponemos al final de la lista, pensando que siempre habrá tiempo, que seguirán ahí innamovibles.  
Pero un día te levantas y ya no puedes hacer, ya no puedes decir, ya no puedes nada, porque todo ha cambiado por un giro del destino, o por dos o por tres, o por miles de giros que nos hacen perder la cuenta y el rumbo de lo que creíamos controlar. Los que creías que estarían allí ya no están, porque ya no quieren estar, porque ya no pueden estar, porque la vida los sacó de su juego y entonces, lo que en su momento era fundamental, se torna caduco, fuera de lugar.
Un completo enrocamiento contra la realidad que deja poco margen para salvar ni siquiera los últimos restos del naufragio.

Aplazamos sin pensar que podemos llegar tarde (si finalmente llegamos), y que todo eso que quisimos hacer, decir, tocar, oler, queda suspendido en nuestro recuerdo, perdido sin remedio, convirtiéndonos en las sombras de lo que un día quisimos ser. 

Calculamos mal esperando momentos adecuados, mejores, más relajados y acostumbramos a equivocarnos. Los tiempos mejores no existen. Son los que son. Nunca estaremos menos agobiados, ni nos sentiremos más libres de lo que  somos. 
El tiempo es una medida embustera y traicionera. Lo que importa, o lo que debería importarnos, es el aquí y el ahora. Nunca habrá un momento propicio, nunca nos sentiremos totalmente cómodos en nuestra propia piel. La vida es así.  De ahí que no debamos perder el tiempo. No debemos dejar que el tiempo enrede, ni que retuerza una y otra vez los hilos que manejan nuestra vida. El mundo sigue girando, el nuestro, en lo particular, también, y cuando dejamos de gobernarlo nos termina estrangulando.

No conozco a nadie que no haya sufrido las demoledoras consecuencias de postergar lo fundamental. También yo las he sufrido, sé cuál es el precio que se paga por no hacer las cosas cuando tocan, cuando creí debía hacerlas. Quizá por eso, porque no tengo más monedas con las que pagar peajes tan elevados, es por lo que procuro no dejar de besar cuando quiero hacerlo, de abrazar siempre que puedo, de acariciar cuando lo siento y de conversar cuando el que tengo enfrente vale la pena. Intento ser generosa, conmigo y con los otros. Procuro que mis hilos me acompañen pero me no enreden.

Con las cosas importantes no caben las tonterías.

Y para terminar, un consejo gratuito: Besen, abracen, acaricien, lloren, salten, conversen y sean generosos. Mañana puede ser tarde, y los elegidos son pocos como para dejarlos por el camino.  No dejen que sus sombras les posean, yo lo intento aunque no siempre lo consigo.


Billie Holiday - When you`re smiling




© Fotografía naq