miércoles, 15 de febrero de 2012

ALL OUR YESTERDAYS


Y no puedo fijar con claridad el momento en el que perdió el interés, aunque siempre pensé que fue tras un julio revuelto, ni el momento en que su ausencia se había hecho cotidiana, hasta el punto que sus apariciones, precisamente, eran lo que me resultaba extraño. Fue una exageración innecesaria intentar tirar tanto de la maroma, quería marcharse.

Crucé el Cabo de Hornos en solitario y una vez llegué a aguas más serenas, miré mis manos, las rozaduras del cabo, del que absurdamente tiraba, terminaron por sangrar. Empezaban a curar.

Había llegado la hora. Me coloqué un aro, diminuto, y le despedí.

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Quiero saber de quién es mi pasado.
¿De cuál de los que fui? ¿Del ginebrino
que trazó algún hexámetro latino
que los lustrales años han borrado?

¿Es de aquel niño que buscó en la entera

biblioteca del padre las puntuales
curvaturas del mapa y las ferales
formas que son el tigre y la pantera?

¿O de aquel otro que empujó una puerta

detrás de la que un hombre se moría
para siempre, y besó en el blanco día

la cara que se va y la cara muerta?

Soy los que ya no son. Inútilmente
soy en la tarde esa perdida gente.

-All our yesterdays- J.L. Borges