viernes, 24 de febrero de 2012

MARCAR LA DIFERENCIA


Pensaba escribir sobre lo que pienso de la inexistencia de esos dos grandes bandos políticos con los que parece que el personal, anclados en momentos del pasado, se vienen llenando la boca desde hace semanas.  Las derechas, las izquierdas. Posicionamientos que han desaparecido, aunque algunos no lo crean, para convertirse en una amalgama de lo mismo. Los rojos y los azules desaparecieron hace mucho tiempo y en este momento sólo están los negros tirando a negro y los negros tirando a muy negro.


Pero estoy cansada, físicamente muy cansada. Mentalmente agotada, terriblemente agotada. No queda ingenio, a estas horas no queda nada. Por eso, puede que sobre eso escriba otro día, o tal vez nunca y sólo lo cuente en “petit comité”, ante personas que esté dispuestas a escuchar sin apedrear. Pero no será hoy y posiblemente tampoco mañana.

Creo que en días como hoy, sólo queda tumbarse, bajar la luz y esperar que el sueño llegue más pronto que tarde. Pero sé que tampoco será así.
No importa, he pulsado la repetición continua y así, una y otra vez,  Dina Washington  intenta convencerme de qué es lo que marca la diferencia entre un día y otro, pero eso, eso ya lo sé yo y tú, tú también.

7 comentarios:

  1. Comparto el agotamiento. Pero tú has escrito, y yo no.
    Eres una valiente.
    Un beso,
    Anne

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  2. la diferencia entre un buen día y uno malo son las ganas de irnos a dormir alrededor de las ocho de la noche. Cosas que pasan, mejor seguir durmiendo

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  3. Cierto. Y un día fatal se caracteriza por querer ir a la cama a las 17:30.
    Sí, a veces, mejor seguir durmiendo.
    :)

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  4. Y es que agota...Son rumiantes, el rumiante, agota.

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