viernes, 3 de febrero de 2012

SOLO ES EL VIENTO


En una ocasión, alguien me dijo que debía protegerme del frio. No del que viene de fuera, sino del que viene de dentro, de ese que se te instala, te atrapa y poco a poco te adormece hasta convertirte en alguien muy distinto a quien eras. Comprendí muy bien a lo que se refería, pese a la dificultad de entenderme en una lengua que nunca me fue propia.

Con el tiempo, volví a pensar en ello, en la necesidad de protegerse del frio, del que viene de dentro. Y pensé que eso significaba que, en ocasiones, debemos protegernos de nosotros mismos.   

Esta tarde, dando una vuelta por una librería de lance, he encontrado un libro de leyendas escandinavas. Y puede que fuera por el frio que viene de fuera, ese que nos acompaña desde hace un par de días, pero me ha parecido que encontrar ese volumen, un poco raro, era una señal. Pago y me lo llevo.

Las aceras están vacías, el aire frío, el que viene de fuera, las barre desde hace horas. Entro en el primer café que encuentro y mientras miro el reloj, gozo de dos horas de libertad condicional que nadie perturbará si no quiero. Y no lo quiero, así que apago el teléfono y antes de que me puedan los remordimientos, abro el libro.

Existe una leyenda que dice que cada vez que alguien desaparece, una corriente de aire frío recorre las calles por las que en su día caminó. Dicen que, con lo tiempo, esa corriente remite y se agazapa detrás de las piedras hasta desavanecerse. Es el día que esa corriente cesa cuando esa persona, desaparece definitivamente.

Remuevo el café mientras miro el teclado de mi teléfono. ¿Y si ese frío que a veces sentimos tuviera algo que ver con ese desvanecimiento? Puede que deba saberlo. Y puede que deba contarle que algunas cosas son universales. Pero puede que no sea yo quien deba contárselas.

Son las ocho, y mi café sigue en la taza, frío. Mientras camino de vuelta a casa, el aire lo golpea todo con furia y no puedo evitar pensar que este mismo viento que me despeina es su resistencia feroz a desaparecer, y que el frio que siento es la tremenda obstinación de una obsesión que a veces va por libre y me gira la vida.



Patricia Barber - Orpheus / Sonnet