domingo, 4 de octubre de 2009

EL PLACER DE PERDER EL TIEMPO O LA VIDA TRAS EL CRISTAL

Cuando tienes demasiadas obligaciones, demasiadas tensiones, demasiados “demasiados”, necesitas parar, aunque sea por unos minutos, aparcar todo eso y respirar. Ponerte a mirar por la ventana, sin hacer nada, absolutamente nada más que poner la mente en blanco, no pensar, es uno de los pocos placeres que nos podemos permitir sin sentirnos eternamente culpables. Levantarse de la silla, estirar los brazos como queriendo tocar el cielo, y buscar esa taza de té o de café que dejaste olvidada sobre la mesa desde hace ya bastantes minutos, son gestos menudos. Frotarse los ojos para eliminar lo que hasta hace unos segundos teníamos clavado en la retina y descansar la cabeza apoyándola contra el marco de la ventana, siguen siendo gestos menudos. Y es que hoy es sábado, un día cualquiera, y sólo busco gestos pequeños, los de siempre, los que me permiten volver a ser yo misma, nada más.