miércoles, 5 de mayo de 2010

DE LAS FILIAS Y LAS FOBIAS -LA HORA VIOLETA- (Fragmento) -Montserrat Roig-


Soy una lectora indisciplinada pero feliz. Esta frase no es mía, es de Montserrat Roig. No me une nada a ella más que una lectura feroz de sus libros y una dulce tarde de tertulia en la que, yo con escasos 20 años y ella con una salud complicada, no le importó aguantar la lata de una lectora que, como ella, se definía indisciplinada.
Hace unos días, ordenando mi biblioteca casera, volví a ver sus libros. No es casualidad, no creo en ella, tampoco voy a buscarle significados cabalísticos. Abro la primera página del que tengo frente a mí y leo “Sobre el solitario placer de escribir y el vicio compartido de leer”.
No creo en las casualidades, “La Roig” ha vuelto a entrar por la puerta grande. Así que cojo un libro, con cuidado, lo coloco sobre la mesa de tijera, que amenaza con venirse abajo, para volver a ser leído por infinita vez. Así es, volveré a leerla, no me cansa. Cada uno con sus filias y sus fobias, inexplicables, pero suyas, las propias.

LA HORA VIOLETA (Fragmento) –Montserrat Roig-

“Hijos, a veces me siento igual que una criminal por haberos traído al mundo. Buscáis un roble en vuestra madre y ella se siente hecha astillas. Tú, Marc, me lames el pecho como si fuese un caramelo de fresa mientras que la directora de la guardería me dice que ya no es prudente que me toques y me acaricies, que te has de separar de mí y yo quisiera que estuvieseis siempre a mi lado, porque así la serpiente no viene y yo os protejo de la polvareda que está ahí fuera. Quisiera que vuestros ojos fueran siempre así de claros, que pasaseis siempre de la alegría a la tristeza sin tener que matizar. Quisiera que no supieseis nunca lo que yo sé, que no conocierais los malos espíritus que rondan mi habitación todas las noches. Quisiera que no supieseis nunca que tenéis que moriros algún día. Os deseé porque quería mucho al hombre que entonces vivía conmigo, y ahora no sé si aquel deseo era sólo un productor de las novelas románticas que había leído. ¿Cómo se puede tener un hijo de un hombre a quien no se quiere? Ojalá hubiese sido ése mi caso, ojalá hubiese llegado un día un viajero, un vagabundo, que hubiese llenado mi vientre y se hubiese ido. No sé si antes os quería, pero si sé que ahora me habéis seducido, y que aquí tenéis mi cuerpo para que hagáis lo que queráis con él. Vosotros no lo miráis comparándolo con los otros, vuestra valoración viene del interior de la tierra. Aún no esperáis que sea perfecta, que mis pechos sean firmes, que mis muslos sean suaves, saltáis sobre mí como los delfines en el agua. Os perdéis en mi cuerpo buscando los rincones que os puedan cobijar. No exigís nada, volvéis a él porque todavía no os habéis ido del todo. Hijos, a veces siento vergüenza de ser madre, y me parece que nunca sabré serlo. Muchas veces me pesáis como una losa y me gustaría que no existieseis. Y, a pesar de eso, sois la única cosa que me une con la vida.”

Mayte Martin-Tete Montoliu - Contigo aprendi