lunes, 3 de mayo de 2010

ZAPATOS MÁGICOS Y EL CAMINO DORADO


Giro el sillón, lo coloco frente a la ventana. Llueve y tengo frío. Estoy cansada. Le echo de menos. El sopor me vence y sé que me haría bien dormir un poco. Hay niebla en mi cabeza, lo llena todo y es densa como el día. Debería esperar a que se desvanezca. Cierro los ojos. Los teléfonos han dejado de sonar. Los teclados están quietos, han enmudecidos.
Que fácil es desaparecer. Ya no estoy aquí. Me he convertido en Dorothy. Sólo tengo que seguir el camino dorado, si lo sigo llegaré donde quiero, al lugar de “Por siempre más”.
Puedo cambiar la historia, el curso de la mía, tengo los zapatos mágicos. Sigo un sendero que me lleva a allí donde de verdad pertenezco. Nadie sufre. En el país de “Por siempre más”, las cosas son sencillas. La felicidad al alcance de una mano temblona.
Alguien me toca en el hombro. Desaparece Dorothy. Un teléfono suena desde hace minutos, lo veo en la pantalla. Mis zapatos ya no son mágicos.
Estoy aquí. La realidad se impone y sigo echándole de menos.
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