martes, 25 de mayo de 2010

ONDAS HERTZIANAS


Enciendo la radio y escucho su voz suave, rítmica. Me pide que le llame y le cuente que es lo que me tiene despierta a estas horas. Tengo la luz apagada, no veo el reloj que hay en la mesilla, pero estoy segura que son las tres de la madrugada, ni un minuto más, ni un minuto menos. Lo sé porque al lado acaban de cerrar la puerta de casa, como cada día. Ahora ya no necesito mirar el reloj. Al principio las pisadas en la escalera, el tintineo de las llaves, me desvelaban, ahora son sonidos amigos, los que me acompaña en su ausencia, durante la espera. Le espero. Cuando llega sé que son las tres. Me doy la vuelta en la cama, me acomodo y oigo de nuevo su voz, insiste: "llámame y dime que te tiene despierta a estas horas." No lo haré. Seguiré escuchando, como todas las noches, las historias de otros. Sé que a él no le importan, le interesa la mía, esa que espera, que no llega pero que sabe que está ahí fuera sólo para él. Por eso, noche tras noche, continuará acercándose a mi cama intentando le cuente que es lo que me mantiene despierta a estas horas de la noche. Mientras tanto, yo me dejaré querer, esperándole a través de las ondas.