domingo, 16 de mayo de 2010

RECREACIONES (IV) Edith Piaf y Marcel Cerdan


Dicen que me estoy matando. Que de seguir así no llegaré a vieja pero ¿quién quiere serlo? Estoy muerta, vivo muerta bajo el alivio que la bruma de la morfina, a precio de muerte, me concede. Dulce como un amante que se revuelve y te adormece las entrañas. Tu cuerpo roto, descompuesto en mil partículas religadas por el océano que nos separaba,  se ha convertido en la eternidad del despropósito. Bruma. Inconciencia conciente para no seguir sintiendo como me quiebro. Que injusta es la vida. Enloquezco ante tu imagen, enloquezco, enloquezco, enloquezco y necesito la morfina, sólo ella sigue fiel a mi lado, sólo ella te trae de nuevo a mí.
Envuelta en una bata de seda, sudada a base de corromperme por arrancarte de allí donde estás y traerte  de nuevo junto a mí a base de tóxicas ensoñaciones. Quiero que resurjas del mar que te ha engullido. Vuelvo a la farola en la Rue de Belleville. Sólo me queda envenenarme de ti, para ti, para irme y reunirme contigo en ese mar emponzoñado donde duermes y me esperas para que me funda contigo en un gesto de amor prohibido.

edith piaf - l hymne a l amour


(*) En 1948 Edith Piaf estaba en una gira triunfal por Nueva York, vive la historia de amor más grande de su vida con un boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdan, quien ganó el campeonato mundial de peso medio el 21 de septiembre de 1948 y murió en un accidente de avión el 28 de octubre de 1949 en el vuelo de París a Nueva York en el que viajaba para ir a su encuentro. Abatida por el sufrimiento, Édith Piaf se vuelve adicta a la morfina. Ella cantó su gran éxito Hymne à l'amour en su memoria y, además, este noviazgo originó la película Édith et Marcel.