miércoles, 28 de marzo de 2012

DEL ART. 28.2 DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA Y OTROS MÁS




Establece el art. 28. 2 de la Constitución, nuestra Carta Magna, que “Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La Ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad”.

El derecho a la huelga conlleva el derecho, valga la redundancia, a acogerse a él o, simplemente, a no hacerlo y, en consecuencia, a que el ciudadano que no comparte los motivos por los que se convoca la huelga (o por los que libremente considere oportunos), pueda acudir a su puesto de trabajo.

Tengo varios motivos para no sumarme a la huelga convocada para el 29 de marzo. Son motivos pensados, elaborados, los que me llevan a que, en esa jornada más que nunca, acuda a mi puesto de trabajo (ese por el que pago infinidad y media de impuestos, ese que no me da derecho a prestación por desempleo cuando las cosas me vienen mal, ese que no me da derecho a bajas por enfermedad, ni por maternidad, ni para cuidar a un familiar enfermo; ese que no me da derecho a pagas extraordinarias –ni tan siquiera prorrateadas-, ese que no me daba derecho a sanidad pública hasta anteayer, ese que no me da derecho a pensión de jubilación ni a ningún otro tipo de pensión a que pudieran tener derecho mis familiares en caso de que les premuera), y acudiré porque desde él continuaré atendiendo a los que a mi puerta llamen. Y no me acogeré al derecho a huelga porque, sinceramente, tras la "excusa" de la reforma laboral y su recorte de derechos de los trabajadores (que no discuto y que incluso reconozco en el Decreto Ley 3/2012, de 10 de febrero, BOE 11 de febrero de 2012 ), creo que se encierra una cuestión política y sindical que me queda tan lejos como los zulues que viven en África.

Hace apenas un mes y medio, a lo sumo dos, la tasa de desempleo en este país había alcanzado los 5.273.600 de ciudadanos. Frente a eso y el despilfarro constante, el permanente atentado contra la libertad y dignidad de los ciudadanos (que no se viene produciendo en el último mes, sino desde hace bastantes años y respecto del que nadie ha dicho ni media durante todo este tiempo), algo hay que hacer. Y puede que las medidas que a todos nos aprietan, a unos más que a otros, como siempre, no sean populares, no nos gusten y supongan un grave quebranto para muchos. 

Pero algo hay que hacer y creo que no es el momento de huelgas salvajes en la calle, sino de arremangarnos todos, en especial los que con nuestros trabajos podemos seguir aportando algo para que aquellos que no lo tienen puedan seguir sobreviviendo con las prestaciones que entre los que cotizamos y pagamos impuestos se generan, y puedan sobrevivir, entre otras cosas, levantando la cabeza que ahora no pueden (ya no queda ni para cubrir las Rentas mínimas de inserción de este año), y controlando, desde luego, que los políticos no se desmanden y que realmente actuen por y para el ciudadano.

Lo que ahora digo no significa estar de acuerdo con las políticas ni medidas legislativas de nadie, pero eso se discute en el Parlamento. Sólo planteando alternativas reales (que no se plantean, o a mí no me llegan), se puede seguir trabajando.

No he votado al PSOE en mi vida y tampoco lo he hecho al PP. He votado en cada momento lo que he considerado adecuado, variando mi voto en función de las necesidades sociales reales, no sólo ideológicas, y pienso seguir haciéndolo así mientras viva, o tenga derecho a seguir votando.

Respeto profundamente a los que mañana se sumarán a la huelga pero espero que ellos respeten mi derecho a no seguirla, a continuar trabajando para levantar un país en el que quiero seguir creyendo y por los derechos de los que ahora mismo no tienen acceso a un trabajo digno entre otras muchas cosas.

Sostener mi postura me tinta, a ojos de algunos, de “esquirol”. No me importa, seguiré pagando impuestos y trabajando. Las etiquetas despectivas acostumbran a colgarlas quienes no tienen otra cosa sobre la que apoyarse que la común frase gruesa que otros sostienen.

En todo caso, mi respeto a los que van a la huelga y espero que denuncien, con nombre y apellidos, a quienes consideren les coacciona su derecho a la huelga, para mí sólo pido que respeten el mío a no sumarme a ella y a seguir trabajando desde mis cuatro paredes por los derechos de mis conciudadanos.
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PD. Dejo un pequeño apéndice de cosas que no está mal conocer:

Artículo 10 Constitución Española
 
1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.
2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.

Artículo 14 Constitución Española

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Artículo 16 Constitución Española
 
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.
  
RAE:
esquirol.
(Del cat. esquirol, y este de L'Esquirol, localidad barcelonesa de donde procedían los obreros que, a fines del siglo XIX, ocuparon el puesto de trabajo de los de Manlleu durante una huelga).
1. adj. Dicho de una persona: Que se presta a ocupar el puesto de un huelguista. U. t. c. s.
2. adj. despect. Dicho de un trabajador: Que no se adhiere a una huelga. U. t. c. s.
 
amy macdonald - This Is the Life