martes, 27 de marzo de 2012

SPAM


Hace unos días me contaron la estrategia empleada por unos amantes para intercambiar sus clandestinas notas de amor. Utilizaban una única cuenta de correo y una sóla contraseña. La compartían bajo un supuesto nombre comercial, una cuenta a la que nunca llegaban más que correos absurdos y spam. Sin embargo, en las entrañas de esa cuenta  anodina, sin aparente interés, se escondía una carpeta de borradores que contenía una fabulosa y apasionada historia.

Mientras borro la ingente cantidad de correo basura que puebla mi cuenta de correo electrónico, pienso en esa historia de predecible final fatal. Sigo borrando y con cierta reserva entro en mi carpeta de borradores y allí, entre notas de trabajo, encuentro la confesión de una inconfesable debilidad.

La leo despacio y, mientras la envió al limbo de la nada con un solo click, pienso que tal vez lo de aquellos amantes no fue tan original.