jueves, 24 de septiembre de 2009

DE LOS AROMAS Y LOS TEMBLORES




Ha salido de casa, precipitadamente como cada día. Abre el bolso, coge el Ipod y sin darle tregua al mundo, ya se encuentra acompañada por aquel que suena en ese mismo momento. Camina de manera automática, sus pies conocen el camino, ni siquiera piensa hacia donde se dirige. Llegará donde tiene que hacerlo, es lo habitual. Salir de casa cuando las calles aún no están puestas, perderse un rato por la ciudad sin decidir el rumbo porque éste ya está previamente fijado, es un placer, sólo tiene que dedicarse a escuchar lo que le gusta y procurar no morir bajo las ruedas de un vehículo cualquiera. Y hoy no iba a ser menos, ya está en la calle. A escasos metros, un semaforo en rojo, se detiene aunque no pasa ni un sólo coche. No hay tráfico, aún no, es demasiado pronto. Mientras espera algo la pone en alerta,mira a su alrededor, no hay nadie, busca algún objeto que no sabe cual es, nada, sólo un pequeño rastro en su olfato, un aroma que sin saber como le ha provocado una sacudida indefinida. Vuelve a mirar, nada. Aspira fuertemente, ya no huele nada. ¿Un espejismo?, tal vez pero aún le tiembla el alma y... alguna otra cosa también.