lunes, 21 de septiembre de 2009

UN COMINO EN EL RETIRO




Es muy pequeña, demasiado. Sólo tiene dos años. No sabe que su vida se está escribiendo en negro. Ni siquiera en blanco y negro y tonalidades de gris. Porque AN nació ciega, totalmente ciega, nació sin ojos. ¿Suena cruel?, no es que lo suene, es que los fue, es que lo es.
Pero la crueldad con AN no es esa ceguera física que, hoy por hoy, nada puede solucionar. La crueldad con la minusculita AN (porque es más pequeña que un comino), es no darle una vida, una visión de su mundo, basada en las emociones, en las sensaciones, todas ellas ampliadas hasta el superlativo, para que el resto de sus sentidos, su inteligencia, su sensibilidad, suplan la carencia que hoy tiene. Sólo a través de esta ampliación exagerada y brutal de emociones y sensaciones podrá darle pinceladas de color a su mundo, a su vida, a su futuro. Pero para ello necesita que la acompañen, que le enseñen el camino, que sean firmes con ella, que sepan que es una personita. Lo que no necesita a su lado son mequetrefes ni anormales. AN tiene que "ver". Porque AN es una niña encantadora que hoy tiene miedo de todo y no reconoce nada.
Porque ayer en Madrid hacía frio y ese comino paseó por el Retiro a ratos de la mano, a ratos colgada del cuello, con un llanto continuo, pero entre un mar de besos y susurros amorosos. Lloró durante una hora, pero ni en una sóla ocasión intentó soltarse ni zafarse de la mano ni de los brazos que la llevaban, unas manos que sólo conoce por las caricias que en pocas ocasiones puede darle.

Hoy siento una rabia brutal y feroz.