miércoles, 2 de diciembre de 2009

DIAGNOSTICOS FATALES



Recibir un diagnostico fatal es algo que nadie quisiera tener que digerir y para lo que nadie nos prepara. Pero la vida es así, las cosas no siempre las podemos hacer a nuestra medida, ni siquiera podemos evitar lo que no quisiéramos que llegara. Las cosas pasan, aunque no hablemos de ellas. Necesitamos tiempo para encajar noticias fatales que sabemos tendrán un desenlace letal. No estamos preparados para saber que, en un tiempo más corto que largo, la vida va a dar un giro mortal. Recibir una noticia del estilo, se recibe siempre en solitario por mucha compañía que uno tenga sentado a su costado, por muy fuerte que le aprieten la mano y por mucho que, como si fuera un eco, resuene aquello de "esto lo superaremos". Cuando se recibe una noticia de tal calibre, el día se vuelve noche y la vida se acorta, no en las milésimas de minutos que transcurren desde que uno se sentó en aquel butacón y comprendió lo que estaba pasando, sino en la infinidad de momentos y tiempos que estaban por llegar y que ahora ya sabes no lo harán. Y aparece Láquesis sosteniendo en el aire la pluma que pondrá el punto final a tu vida y eso ya no tiene remedio. Y todo se vuelve relativo. Se minimiza lo que hasta ayer era de una magnitud escandalosa y aquellas poquita cosas, que por corrientes y normales han pasado desapercibidas, toman de pronto una relevancia vital. Por eso y porque en cualquier momento Clotos y Átropos vendrán a reunirse con Láquesis para entregarnos la Sentencia definitiva que ya ha devenido firme, es por lo que tenemos obligación de vivir nuestra vida. Pero esto sólo se aprende a golpe de grandes sustos y disgustos. Tenemos la obligación de vivir la vida que tenemos de la mejor manera posible, intentado no pasar sin pena ni gloria, sino viviendo intensamente aunque en ocasiones nos duela y sobre todo, para no tener que arrepentirnos nunca de lo que al final no hicimos.

P.D.: Para Isabel, que como siempre, tiene razón. Mil besos.