Vale,
ya está aquí, en breves horas, el final nos tirará de la mano y se acabó. No
quisiera ponerme melodramática pero no puedo evitar pensar en lo malo de la
fecha. Los mayas no creían en la navidad, ni en todos los eventos que se dan
después del 21 de diciembre, eso está claro. Si hubiera sido así, nos habrían
dejado disfrutar del sorteo de la lotería de navidad, de la cena de empresa e
incluso de la venganza que define el maldito presente que te cae en el
jueguecito del amigo invisible. Pero visto el asco de año que llevamos, la
predicción no es rara y, porque no decirlo, irnos al guano puede que incluso
sea un alivio (siempre que no te toque a Mas, o a Rajoy u otro bicho de la
misma calaña, de vecino en el pasaje del adiós).
Sin
embargo, tengo cierta comezón. No lo negaré. Estos días, por aquello de no hacer
el panoli, he dejado la nevera sin llenar (aunque vengan las fiestas),
no me he depilado (con la consiguiente pérdida de mi sesión de laser
previamente pagada hace ya como un año), no he puesto la lavadora (las pilas de
ropa sucia se acumulan en un rincón del baño) y, por supuesto, no he comprado
ni un solo décimo de la lotería de navidad. ¿Para qué?, pero la lógica
aplastante de la falta de motivación para llevar a cabo esas domesticidades, no
me tranquiliza demasiado frente al hecho que ando hecha un cristo.
Espero
que los mayas sepan perdonar toda esta dejadez en mis quehaceres domésticos
pero es que una no tiene tiempo para todo. Y es que, aunque nos vamos al guano,
el trabajo me ha tenido esclavizada durante las últimas dos semanas y viendo la
que se nos viene encima, no voy a aumentar
mi ruina personal perdiendo el escaso tiempo del que dispongo, haciendo
domesticidades que, como dijo aquel, desaparecerán como lágrimas en la lluvia,
mal que me pese.
Sólo
me queda una pena, que el fin del mundo sea en viernes, porque ya puestos,
podrían haber sido un lunes y nos habríamos ahorrado el calvario semanal.
Pero
como las cosas viene como vienen, por si acaso y por si los mayas tienen razón,
me despido de ustedes, hecha un Cristo con dos pistolas (ya saben, nada de
cuidados personales en las últimas semanas), pero con el corazón contento y
lleno de alegría. Así que, vayan preparándose para el final, que con eso de la
diferencia horaria con el hemisferio sur y el cruce de charco (de ahí provienen
los mayas), no sabemos si nos cogerá mientras roncamos a pierna suelta o
mientras intentamos que funcione la maldita cafetera de la madrugada.
En
fin, que eso, que nos vemos en el infierno.
