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jueves, 31 de julio de 2025

¿TÚ QUÉ QUIERES DE MÍ?



Volvemos al culebrón de cada verano. El título: “Juana Rivas, inasequible al retorcimiento”. Que los adultos destrozan niños es algo que nadie puede negar. Un crimen que muchas veces se lleva a cabo en nombre del interés superior menor cuando, en realidad, lo que menos importa es, precisamente, el bienestar de esa criatura que se encuentra entre el fuego cruzado, a veces solo unidireccional, de un progenitor malvado, en la mayoría de ocasiones, o enfermo en muchas menos de las que se pretende. 

La ley ha prohibido hablar de la alienación parental y, por esa ley retorcida y poco anclada a la realidad de los niños, no se puede mentar a la bicha, aunque la bicha sea de tamaño king-size. Llamarle "interferencias parentales" parece que es más aceptable, pero lo cierto es que da igual el nombre que se le quiere dar porque la realidad es que existen progenitores que manipulan a los niños para que rechacen de una manera contundente e injustificada al otro progenitor. Por desgracia, cuando uno de los progenitores ha decidido destrozarle la vida al otro utilizando a los niños, envenenándoles el discurso y las emociones, creando un monstruo donde no existía, configurando falsas memorias en su cabeza, el mayor perjudicado, no es el adulto al que, por otro lado, le desgracian la vida, sino el del propio hijo al que se dice querer proteger de vaya a saber qué.  Manipular a un niño es muy sencillo. Su mente y pensamiento se pueden retorcer como un papel de seda, sobre todo cuando quien lo hace es su padre o su madre, que son sus referentes, las personas en las que confía y con las que mantienen una especial vinculación en todos los sentidos. Las consecuencias del maltrato que sufren los niños, a veces tan sibilino que se disfraza de un cuidado feroz, son casi siempre irrecuperables. El tiempo y el hostigamiento psíquico y emocional sobre estos niños que son extremadamente vulnerables, porque los autores de estas prácticas son sus referentes, nos devuelven, con los años, adultos emocional y psicológicamente tocados. El culebrón de Juana Rivas es, por desgracia, el que viven muchas familias en silencio, sufriendo la lentitud de los Tribunales, las malas prácticas de profesionales que no tiene un ápice de profesionalidad ni de ética y un sistema que mira por con un solo ojo el panorama que sufren muchos niños y niñas a los que, como sociedad, les estamos fallando.

Lo mismo ocurre con el concepto de violencia vicaria, que parece haber sido adoptado como una de las formas de violencia de género cuando la realidad es que debería dar igual si el autor es el padre o la madre, porque el medio para causarle un enorme e insoportable dolor al otro progenitor es el propio hijo que, en manos de un progenitor perverso, es utilizado como instrumento para dañar. En estos casos las víctimas son dos: el hijo, de manera directa; y el progenitor, de manera indirecta. 

Cuando uno piensa en la finalidad de las normas, no es fácil de entender el trato desigual a situaciones parejas cuando hablamos de proteger a los menores.


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Cuando tienes un hijo, tu vida es suya; suya para siempre. Cuando tienes padres ancianos, se invierte la cuestión, tu vida deja de ser tuya para ser suya; suya para siempre mientras vivan. En definitiva, aprender a cuidar y desaprender lo aprendido.


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Mi obsesión de este verano son los berberechos y el Bitter-Kas, muy frío y con dos hielos. Una obsesión sencilla, sin pretensiones, que no hace daño a nadie más que a mi bolsillo, porque, al final, a los buenos berberechos poco les falta para cotizar en bolsa.


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¿Qué habrá sido de “El punto”? La Roig se ríe desde la tumba y casi la oigo mascullar: “Nena, los puntos se los traga un agujero negro y te los regurgita cuando le da la gana”.




domingo, 13 de abril de 2025

NO WAY OUT

 



Ha llegado a las cuatro de la madrugada como si mañana no existiera. No me importa demasiado, salvo por el hecho de que no haya cerrado bien la puerta y se nos cuele el loco del rellano; o porque se haya dejado los zapatos en mitad del salón y mañana, a oscuras, tropiece mientras camino torpemente mientras voy a por el primer café del día; o que, en un ataque desmedido de gula, se haya comido los macarrones que dejé preparados para llevarme al trabajo. Oigo como se cierra la puerta de su dormitorio. No le ha dado tiempo a vandalizar el frigorífico. Los macarrones, de momento, están a salvo, creo. No añoro nada el salir o sí, pero no soy capaz de encontrarle la gracia a estas horas.  Pero yo no soy ella, y por suerte, para ella, ella no soy yo, y aún le queda mucha mecha para quemar, muchos gin-tonics que digerir, mucha vitamina C a la que recurrir. 
Ronca un poco, ella dirá que respira fuerte y yo más tranquila. Ha caído como un tronco. Esa es una de las gracias que va desapareciendo con los años.

Cierro los ojos e intento conciliar el sueño de nuevo. Quedan unas cuantas horas hasta que suene el despertador. Pero no puede dormir y me entran unas ganas feroces de ir al baño. El hacerse mayor idiotiza la vejiga. Me levanto y el espejo de la esquina me devuelve el reflejo de una mujer añosa con un pijama arrugado como la piel de un mamut. Con esa pinta solo se puede ir al baño, o a la muerte, o para dar rienda suelta a las paranoias que se multiplican por mil a la que una se descuida. Así que salgo de la habitación, doy otra vuelta a la llave de la puerta. Sus zapatillas presiden el salón y de una patada los envío al rincón junto a la cama del perro, y me voy a comprobar si los macarrones siguen en su sitio. Y ahí están, en la nevera, en su túper inmaculado. Respiro y vuelvo sobre mis pasos para meterme en la cama otra vez y empezar a contar ovejas para dormirme más pronto que tarde. Pero no sirve de mucho, con el dormitorio convertido en un establo imaginario, intento no entrar en pánico pensando en el lunes que me espera si no consigo dormirme de nuevo y en la agenda que, desde el viernes, está en modo “en espera” con ganas de acabar conmigo. No hay consuelo, solo macarrones para las 14:00 y una vejiga que aprieta de nuevo.


martes, 23 de julio de 2024

SOME LIKE IT HOT

 


Si tuviera que escoger en que lugar querría estar en este momento, si pudiera teletransportarme, escogería mi casa. La de ahora, la que deshabito más que habito. Es un pensamiento un poco loco que se va expandiendo mientras intento concentrarme y me pierdo pensando en cuál es el motivo por el que la media de las horas que paso sentada en esta silla supera con creces las que propone la ministra de trabajo. Y me sigo perdiendo, vagando por ahí, pensando en cosas que se me entrecruzan porque estoy quemada y necesito parar. Leo tres tweets y le murmullo a la pantalla que opinar está bien, pero que informarse un poco antes de hacerlo, tampoco está tan mal. Ser atrevido y osado es una corriente social que corre pareja a la desinformación, que es lo que se lleva ahora. Quizá también por eso, pienso que querría estar en casa, mi casa, la casa que deshabito, porque allí no hay soplapolleces que esquivar, y porque esta noche he dormido mal pensando que el día empuja la mugre y que mañana, por hoy, aún queda un buen lote por aventar. Con la mitad del día consumido y la confirmación fáctica de que hoy tampoco haremos limpio, solo me apetece sentarme en el patio a la sombra del limero, a esperar a que oscurezca y olvidarme de que mañana, aun sin ganas, hay que seguir remando.



domingo, 12 de noviembre de 2023

UNA VEZ MÁS Y TODAS LAS QUE HAGAN FALTA



Me despierto cada día a la misma hora, da igual que sea martes o que sea domingo. La diferencia entre un día y otro no es el tiempo que marca el reloj sino que, cuando no hay necesidad, intento estar un poco más en la cama antes de levantarme. Pero hoy vuelve a ser domingo y me despierto a la misma hora de siempre y no pienso en estirar un poquito más, no hay tiempo. Pongo los pies en el suelo, y aunque hay días que el desanimo es grande, creo que vale la pena volver a salir a la calle, hacernos oír y poner de manifiesto que estamos hartos del abuso y de que se nos venda siempre por el interés de los que comen del presupuesto y que fuera de él no saben que hacer. Ha ganado la mediocridad, el cortoplacismo y la ignorancia sobre lo que es el Estado de Derecho y la enorme pérdida que supone su falta de respeto. No todo vale y los acuerdos firmados por el PSOE con JUNTS PER CATLUNYA son una vergüenza y una verdadera infamia. Es difícil encontrarles una justificación más allá de la necesidad de vender a todo un país para seguir en la cabeza del gobierno. Ni la convivencia, ni un gobierno progresista, ni la comprensión a una posición nefasta para el global de la ciudadanía, son una explicación razonable. Los acuerdos gubernamentales deben respetar las Leyes, la separación de poderes y el control de su legitimidad. Los partidos, cuando acuerdan, deben respetar sus programas. Fuera del imperio de la Ley el futuro es oscuro y aciago. Es vergonzoso escuchar que los acuerdos a los que llega el PSOE son democracia; que los acuerdos son legítimos. Todas esas explicaciones son falsas en lo fundamental. Lo pactado por el PSOE no iba en su programa electoral.
Uno de los elementos fundamentales de las democracias y los Estados de Derecho es la total separación de poderes. Uno es contrapeso del otro. Y todos, absolutamente todos, estemos sometidos a leyes elaboradas bajo estrictos procedimiento y cuyo contenido debe respetar los principios y derechos que del marco constitucional que nos ampara a todos. El derecho a la igualdad, la seguridad jurídica, etc., no son cuestiones baladíes.
Los políticos deben ser servidores públicos cuando llegan a los órganos legislativos u ejecutivos y deben, porque así lo establece la propia Constitución, promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas. La Constitución es nuestro marco normativo y garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos. Parece que algunos, pese a que la juran lo olvidan con facilidad.
Lo que está pasando en este país con la firma del acuerdo por la amnistía y el "lawfare" con el que se llenan la boca los que más delinquen, no tiene nada que ver con la derecha, ni con la izquierda. Nadie con verdadero sentido democrático y de estado puede estar de acuerdo con semejante ignominia, sobre todo cuando los delincuentes no ha mostrado arrepentimiento alguno y ya vociferan que lo volverán a hacer. No hay mayor arbitrariedad que la que en estos momentos se está llevando a cabo. El acuerdo firmado entre un partido que perdió las elecciones y uno que con siete diputados, encabezado por un prófugo de la justicia, pretende el desmembramiento de este país, es la imposición de una arbitrariedad destructiva. Es una aberración jurídica que siembra la desigualdad entre los ciudadanos, que quiebra con el sistema judicial y, de paso, valida que en este país los políticos tienen bula para delinquir sin consecuencias. Saltarse la legalidad tiene consecuencias para el ciudadano de a pie como no puede ser de otra manera. Los políticos y representantes públicos tienen una mayor obligación, si cabe, al respecto de la ley. No pueden saltarse la legalidad sin consecuencias, no pueden vaciar las arcas públicas y manejar el dinero de nuestros impuestos sin ningún control ni consecuencias.
Pero parece que nada de todo eso importa. Nos gobiernan tipos sin escrúpulos, abonados en la mentira, el abuso y la arbitrariedad a los que parte de una sociedad enferma de ideología aplaude y mira a otro lado como si la ruptura del sistema de garantías no fuera con ellos.
Dicen que ganaron las elecciones y no es cierto. Por eso, aunque es domingo y tengo muchísimas cosas que hacer voy a salir una vez más a la calle y no me cansaré de repetir, una y otra vez, que no en mi nombre.


martes, 29 de agosto de 2023

LEVANTARSE FEROZ

 


Me levanto feroz. No descarto que sea por la pesadilla de una noche de sueño más que movido. Noche de linchamiento que se lleva ahora, y da igual de quién o de qué hables, que estés despierto o que estés dormido. Mal rollo total, lapidación y Código Penal a tutiplén. Aunque estos dos últimos van por barrios en función de quién y de qué. Y me levanto feroz, con el pelo más enmarañado que de costumbre y un dolor de dentadura que se explica por el abandono de la férula de descanso que me mandó el dentista. Feroz, como un caperucita que, por osmosis, se contagia del lobo fiero pero que me dura lo que tardo para el despertador, levantar la persiana y aliviar la vejiga. Y ahora, con menos agua en el cuerpo, pago las consecuencias de un dolor de cabeza que vibra sin parar por desgañitarme en sueños repitiendo que ser un gañan, un machista, un sinvergüenza y un grosero, no te coloca en la casilla del disparadero del Código Penal. Pero, ¿Qué más da? La consigna está en la calle para que abreve la muchedumbre pastoreada por los eslóganes de rigor y se haga política de todo que es lo que ahora se lleva. Vivir en la confrontación del que opina contracorriente es agotador, incluso en sueños. Así que después del primer café de la mañana, mientras intento recolocar la mandíbula como puedo, pienso en la mascarilla natural para el encrespamiento capilar, las pocas ganas que tengo de hacer nada y lo mucho que me está gustando “La primera mano que sostuvo la mía”, de Maggie O’Farrell. Ahí lo dejo, para que puestos a perder el tiempo, al menos se pierda en algo bueno y menos fiero.




viernes, 18 de agosto de 2023

VOMITAR



Una de las mejores maneras de provocarse el vómito es poner en el televisor, o en la radio, da igual, y seguir durante un tiempo prudencial, tirando a corto, cualquier actuación política de este país. Esta mañana, contra lo que muchos puedan creer, mientras se elegía la presidenta del Congreso de los Diputados y su Mesa, no se estaba celebrando la fiesta de la democracia, sino la perpetuación en el poder de un sujeto siniestro, mentiroso, con un ego desmedido y una falta de principios que no tiene parangón y el ascenso al olimpo de los políticos que quieren acabar con este país y la Constitución que lo sujeta, en este momento, ya de manera maltrecha . El panorama político de este país, decidido por los que quieren acabar con él, es como para echarse a llorar hoy y no acabar hasta el 2030 (por aquello de hacer el chascarrillo con la Agenda a la que todos nos remiten). El espectáculo no solo es lamentable, sino que contraviene las más elementales normas de la lealtad institucional y el respeto a la voluntad popular, por decir un par de cosas. La alta política ya no existe. La vocación de servicio mucho menos. Ahora lo que manda es medrar, tener una buena nómina a cargo del presupuesto del Estado e ir añadiendo contactos con los que ir engrasando las puertas giratorias para que no paren nunca.
A los políticos de este país sus ciudadanos les importan menos que cero. Lo fundamental es mantenerse, incluso mediante el equilibrio sostenido entre mentiras, corrupción, deslealtad, falta de solidaridad y la terca tendencia de la ciudadanía a aceptar lo inaceptable cuando los abyectos que promueven esa mierda que huele a kilómetros son "los nuestros". Es lo que este país, cainita hasta la medula, celebra y bendice. Son unos malvados pero son los nuestros, es la bendición de los alienados ideológicos que, por desgracia, se expanden sin vergüenza a reconocer que toda esa basura huele pero es su basura.
Así que ahora solo queda apretarse el cinturón (salvo que se sea diputado, enchufado o delincuente), ver como aumenta la deuda pública; como se asfixia a la ciudadanía con impuestos imposibles y precios desorbitados; como se gasta en lo coyuntural y se olvida lo necesario; como se destruye con saña; como se maquillan los números y se retuercen los conceptos para aventurar una subida en el empleo irreal que contrasta con las colas del hambre que, desde hace muchos meses, discurren como anguilas escurridizas entre las babas de los que salivan por seguir ostentando el poder sin gestionar de manera eficaz y eficiente para los ciudadanos. El tiempo de los lamentos ya ha pasado, ya no hay marcha atrás. El retroceso real del Estado de Derecho y de la separación de poderes entre otras muchas cosas, ya está aquí, por mucho que se niegue y se siga escupiendo al cielo mientras los politicastros de marras dividen en todo una sociedad entre izquierdas y derechas descafeinadas e inexistentes. Es por eso que, en el ecuador de un verano asfixiante, el pensamiento recurrente, cada vez que escucho a la clase política de este país, es "váyanse a la mierda". Y debe ser cosa del calor, o del empacho de leer sobre negociaciones vergonzantes que, al final del día, las ganas de vomitar son muchas. La inteligencia ha muerto, la ideología gana por goleada y el espíritu crítico levita en la nada, pero por aquí seguimos, resistiendo a esta mansedumbre social que atufa.



martes, 8 de agosto de 2023

TE LLAMARÉ MARTES


 

Sin pestañear, sin haber emitido ni un solo suspiro veraniego, llegamos al 8 de agosto. La primera cuarta parte del mes de vacaciones se ha ido a tomar viento sin que haya notado la más ligera brisa a su paso. Acabo "No me gusta mi cuello" de Nora Ephron. Lo empecé a finales del mes de julio, pero perdí la bolsa en la que lo llevaba y hasta ayer, en mitad de la hecatombe que supone guardar tu vida en un trastero prepago, no lo recuperé. Son cosas que pasan cuando vas de un sitio a otro, como si fueran casillas de la oca y tiras porque te toca. Las cosas están, mañana desparecen y, con suerte, vuelven a estar ya no se sabe cuándo. Así que sentada en el suelo de una casa vacía, aprovechando las dos horas de espera a las que me ha sometido el técnico de la caldera, lo he terminado. Mato el tiempo escogiendo el relato con el que me quedaría, si tuviera que hacerlo con alguno. Me decido por "Cosas que me gustaría haber sabido", supongo que porque a todos hay cosas que nos habría gustado saber ante de ser conscientes de que no las sabíamos. Me quedo con "Los secretos no existen" y con "Nunca se sabe". Pero la verdad es que esas dos cosas me las sé, aunque no sé si las he sabido lo suficientemente pronto o lo suficientemente tarde. El tiempo siempre es relativo pero la falta de conocimiento, de cierta consciencia no lo es. Hacer el panoli es muy fácil. Hacer el panoli, el canelo, el bobo, poco tiene que ver con la edad y mucho con algunas dosis mal repartidas de ingenuidad. Pero estamos a 8 de agosto. Sé que los secretos no existen; que nunca se sabe y que las cosas, con el tiempo, no siempre mejoran, pero tampoco empeoran. Los secretos solo son realidades que se intentan ocultar a otros, no siempre con éxito, aunque otros disimulen. Pero puede, aunque nunca se sabe, que algunos secretos queden bajo el cobijo exclusivo de dos cuerpos y cuatro piernas que hoy se evitan. El tiempo pasa demasiado rápido y no hay marcha atrás (ésta también debió de anotarla la Sra. Ephron, aunque tal vez también lo hizo).

El calor aprieta y, desde este suelo que he convertido en mi tablero de juego, pienso en la secreta historia que nació al socaire de un encuentro extraño que le dejó en el cuello la marca de unos dientes que apretaron un poco más de lo prudente y un poco menos de lo ansiado. Un verano que se partía entre dos juegos de piernas que se entrelazaban pese al calor, pese a la humedad y las pocas posibilidades de que de entre ellas saliera algo más que el rastro acuoso de una locura. Un secreto raro.