jueves, 24 de septiembre de 2026

SWEET HOME ALABAMA

 


Hace un par de semanas murió Dolly Parton. Leo por ahí que era buena gente, que se preocupaba por los demás. Cuando alguien muere, las alabanzas siempre pesan más en la balanza del bien y del mal. Parece una suerte de cortesía que se regala cuando el que ya está muerto, bien muerto, no puede ni rechistar. Desconozco si era un encanto de mujer o una zorra indomable y la verdad es que no tiene importancia. Y no la tiene, al menos en mi vida, pero nos ha regalado buenas canciones durante años y eso es de agradecer.

Alabama no era Dolly Parton ni de lejos. Pero supongo que puede decir lo mismo de él, solo que no compuso, ni cantó nunca. Alabama nació en un pueblo de Soria, rodeado de sabinas y salió de allí sin olvidar que allí estaba su casa. Nunca destacó por mucho ni tampoco por poco. Gente normal. Nada que ver con Dolly Parton. En los últimos tiempos, sobre todo el último verano, coincidimos en la biblioteca. Él retiraba libros sobre música, yo leía el “Hola” en la sala común, el chascaba la lengua con cierta condescendencia y yo le hacía la sorda . Mi vida a veces es así de anacrónica. Ayer supe que murió este mes de agosto mientras yo perdía en norte por las Tierras Altas. Volví este sábado a enajenarse con el papel couché y allí me enteré. En el tablón de la sección de música de la segunda planta, junto al nano, alguien ha clavado una nota: “El suicidio no es una salida. Todos tenemos demonios internos y la vida se trata de vencerlos”. Reconozco la frase, es de los Ramones. Lo que ya no sé es de quién es la postdata: “Alabama. Eres un cabrón”. Alabama, posiblemente fuera un cabrón, pero lucía la camiseta de “Sweet home Alabama” como nadie.  La vida que viene y va. Una pena.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

LA TORMENTA

 


La tormenta se acerca. El Tibidabo ha desaparecido. El fin de mundo pasado por agua. Septiembre está siendo la continuación de un desastre al que soy incapaz de poner fecha ¿Cuándo empezó? No lo recuerdo. Quizá siempre ha sido así y solo los años acaban con el borrón que enmascara la cara fea de la luna. La maldad repta, se cuela por todas partes y el pestazo se vuelve insoportable. Hay necesidades que no lo son; carencias que reclaman atenciones inaceptables; existencias que por si mismas aterrorizan. Mirar afuera da vértigo y un hartazgo casi insoportable. Las distancias son abismales. Entre las miradas, buscar las más cercanas mientras nos desvalijan. Repetirse ¡Espabila, coño!



viernes, 21 de agosto de 2026

DING DONG

 



Reconozco haber entrado en pánico cuando he entrado a mi correo electrónico en busca del enlace para imprimir unas tarjetas de embarque y con verdadero terror he visto que tenía pendiente de abrir 976 correos electrónicos. Pasado el susto y teniendo en cuenta que solo es mi cuenta personal, intento averiguar el motivo del despelote del buzón. Trasteo un poco, pero ahí sigue, correos del año de la Tana que ahí siguen. Google me mata; Google me desconcierta, Google me da más trabajo del que quiero. Algunos de los correos tienen más años que el mundial de fútbol del Waka Waka. Ahí es nada. Empiezo a seleccionar para borrar. La historia no se escribe por e-mail, o tal vez sí, sino que se lo pregunten a Meg Ryan y a Tom Hanks; o mejor a Nora Ephron que a finales de los 90 nos regaló “You’ve got a mail”. He releído algunos por curiosidad. Un par de ellos me han arrancado la carcajada y con otro par he arrugado el morrete. Algunos correos, como algunas películas, envejecen mal. Nosotros envejecemos regular.

Vivo envejeciendo a una velocidad supersónica que es en la que se pone la vida cuando pasas la frontera de lo que es la vida-media. Releer correos o mensajes descontextualizados puede hacernos sentir un poco ridículos. Reconocerlo es de justicia, pero sería injusto, puesto a mentar a la justicia, no reconocer que a veces es divertido, tierno e incluso ciertamente desconcertante. Hablo de los correos personales, no de los de la compañía de la luz, ni de la aseguradora que te recomienda la revisión de tu póliza de decesos. El tiempo no pasa en balde, ya lo decía mi abuela y ahora ya lo digo yo. Me lo he pasado bien, pero 976 correos son demasiados correos para una mañana de agosto, así que lo mejor es marcarlos todos como leídos y a otra cosa mariposa, de momento.






lunes, 3 de agosto de 2026

HAZLO FÁCIL

 


¡Qué ganas de complicarte la vida! Es la frase favorita de los que no tienen ganas de poner el huevo. Es agosto, no tengo ganas ni de respirar, pero parece que tengo una tendencia natural a convertir el maldito huevo, que otros no ponen ni por casualidad, en el centro de mi atención. Y ahí, entre sofocos y estertores laborales, como el que no quiere la cosa, desde el pasado jueves se me ha llenado la cesta de huevos, huevitos, huevotes y huevazos con los que entretenerme durante un buen rato. Por un momento, mientras intento que la batería del portátil soporte tanto calcio, albumina y vitelus, siento un terrible envidia de los que son capaces de dar carpetazo, pasar la llave y despedirse con un "Eso es todo amigos, nos vemos en septiembre". Así que sí, me he complicado la vida. Pero la complicación ha durado poco, aunque eso lo sé ahora. Hasta hace un par de horas andaba conjugando calendarios, billetes de avión y querencias varias para cuidar de los huevos que han crecido estos días. Con reservas modificadas y el calendario hecho un cisco ,alguien ha entrado en el gallinero y ha zanjado el tema de las gallinas y los huevos.  Ni uno ha quedado en pie. Adiós gallinas, adiós huevos, bienvenido ibuprofeno. Dicen que los huevos son un alimento muy preciado por los zorros y zorras, que los engullen con enorme placer. No seré yo quien diga lo contrario. Con la perspectiva de otro par de horas más y una cervecita bien fría, no sé si, en realidad, no debo de agradecer a la zorra el destrozo de agenda y gallinero que me deja en un barbecho que, en verdad, necesito como agua de mayo. Lo dicho, igual hay que hacerlo más fácil y agradecer y disfrutar de que no hay huevo que dure cien años.


miércoles, 8 de julio de 2026

MP3 O LO QUE SEA

 


Vaciando cajones en busca de un cable con clavija antigua he encontrado un MP3 más viejo de la pasión de Jesucristo. No tiene batería. Normal. Creo que fue durante las últimas lluvias que anegaron los campos, y llevaron al Arca de Noé a constituirse en transatlántico de pavos reales y demás especies animales, que el aparato fue sustituido por uno con mayor capacidad de almacenamiento. Desde entonces, y hasta ahora, ha tenido tiempo más que suficiente para descargarse del todo. Busco y encuentro su cargador adecuado gracias al ligero síndrome de Diógenes emocional que padezco. Dos horas de recarga sirven para viajar en el tiempo. Ya lo creo. Cae el sol a plomo y los 42 grados de este mediodía no los alivia ni el aire acondicionado de la oficina que no repara en gastos. Pero me pongo los auriculares de clavija convencional y al darle al “On", el corazón me da un brinco que no sé cómo calmar.  No es calor, es la emoción. Dicen que los cinco sentidos son mágicos y es verdad. Ojalá den las nueve y pueda salir a caminar con mi viejo MP3.



¡Oh! Sorpresa

miércoles, 17 de junio de 2026

BOB

 



Mientras espero la entrega de un paquete, mato el tiempo pasando la pantalla del móvil a toda velocidad. Me he parado en un par de artículos de titular llamativo y, como buena mujer de los tiempos que corren, he caído en la engañosa desinformación de la que, por casualidad de la vida, estoy bastante informada. El mundo es muy pequeño y muy estúpido. El repartidor sigue sin llegar y, aunque necesito con urgencia que lo haga, no pienso desesperarme. O sí. Respiro y espero. Respiro y miro el reloj. Respiro y vuelvo a respirar. Me queda la suficiente bateria como para comprobar a cada minuto a cuantas paradas de distancia anda mi repartidor. Respiro y, mientras lo hago, Google me recuerda que soy mortal, que el colágeno te abandona cuando menos te lo esperas y que oxigenarse es fenomenal. Respiro y dejo el teléfono bocabajo. Pero Google no se conforma con mi vida caduca, ni con los consejos de cosmética coreana con los que intenta seducirme, y activa su inteligencia artíficial para llamar mi atención y lo consigue. Su inteligencia, que es más inteligente que la de todos nosotros juntos, me recuerda que tiempo atrás perdí la gracia de Dios y que Dios, mientras bostezaba, aburrido de todo, me mandó a paseo. Una orden divina que yo obedecí, aunque creo que su extraordinaria intención era otra Y así llegaron los paseos.  El primero empezó entre rocalla y encinas. El siguiente, días mas tarde, acabó con el lorazepam dentro el bolso. 




lunes, 1 de junio de 2026

BLONDE

 


Día de trastos y, frente al portal, cuatro sillas blancas. Un poco más allá, cuatro sillas más, ahora de madera, desvencijadas y con ganas de morirse y del todo. La ciudad está patas arriba y el personal ha decidido cambiar la sillería. Camino con los auriculares puestos escuchando un podcast sobre cine. Hablan de Billy Wilder, de la magia del Hollywood de los años 50, y de la “Tentación vive arriba". Un suspiro se me atraviesa entre Gran Vía de Carlos III y Diagonal. El locutor nos recuerda que, de vivir, Norma Jean cumpliría cien años. Pero eso, como casi todo, es una certeza que no sirve para nada. Algo así como saber que, de vivir, Jesucristo tendría dos mil veintiséis años y no habría muerto en la cruz, como Marilyn no habría muerto a base de ansiolíticos, alcohol y desamor. Doblo la esquina y temo tropezar con otro par de sillas ruinosas, pero no. No hay sillas. No hay más que una acera infinita que se ensancha hacia el mar.



lunes, 25 de mayo de 2026

SARAH

 


Suena el teléfono. Meto la cabeza debajo de la almohada y aprieto fuerte. Odio su timbre. Odio tener la sensación de que todo pende de la mala ventura, de un mal futuro que nos pisa los talones, aunque parezca un contrasentido absoluto. Un mañana que aprieta por detrás. Odio todo lo que tiene que ver con las llamadas a destiempo. Descuelgo sin mirar y una voz rijosa, tan desagradable como artificial, me hace participe de un sorteo. Me muerdo la lengua y tiro el teléfono dentro del cajón de la mesilla de noche. Aquí son las seis de la mañana, las once de la noche en Wisconsin. Pero ya me he desvelado y la cabeza se pone en marcha con pensamientos intrusivos, recurrentes y el martilleo constante de no saber que hacer ahora que su cabeza se va apagando y la mía parece gobernada por un hámster loco que la hace rodar a mil por hora. Me desfondo y por fin sé de qué se trata. A ratos me convierto en una especie de “Sarah”*, que se balancea entre un cuidado feroz, las ganas de desaparecer y un infinito sentimiento de culpa aplastante. Hago lo que puedo, pero, ni siquiera para mí misma, nunca es suficiente y estoy agotada. Me levanto a por un vaso de agua y vuelvo a la cama. Esperaré a que den las siete para ir a la ducha y recitaré para mí, una vez más, la carta a los Corintios. La demencia no descansa, ni siquiera en Pentecostés.





* Love Actually

lunes, 27 de abril de 2026

PARECIDOS RAZONABLES

 


Me pido un café con hielo. Me recolocó el pendiente mientras espero. Mañana hará tres semanas de su colocación. Apenas queda molestia, pero su brillo, de titanio farmacéutico, me hace feliz. Los veladores aún están vacíos y puedo escoger. No es lo normal. Puede que sea porque es domingo y es demasiado pronto. Puede que sea una trampa del destino, que escoja la mesa más aireada y que acabe con una cagada de gaviota presidiendo el primer café del día.
Pasa un tipo que pasea el perro como si lo estuviera preparando para la San Silvestre vallecana. Menudo personaje. Es un desalmado que ayer hizo llorar a la cajera del supermercado que andaba desbordada. Siempre hay un imbécil que te puede fastidiar el día. El de la cajera llegó ayer en forma de calvo orejudo, que hoy corre con un caniche al que le quedan dos cortes de pelo. Es domingo, pero podría ser cualquier otro día, o no porque, de ser así, no estaría sentada pasando la mañana y sorprendiéndome de los parecidos razonables que pueblan la faz de la tierra. Santi murió hace ya muchos meses y lejos de aquí. No le vi muerto, ni asistí a su entierro, sólo a una misa funeral presidida por un retrato que llegó dos semanas más tarde. Pensándolo bien, eso no es garantía de que el muerto esté muerto y puede que acabe de pasar con unos auriculares puestos detrás del imbécil del caniche. Pido un segundo café y me viene a la cabeza la idea loca de que fuera de aquí, en esa tierra que todos desean que sea leve cuando ya no respiras, ni suspiras, debe haber una plaza llena de conocidos en la que más adelante nos encontraremos todos. Allí empiezan a haber más conocidos que aquí. Y puede que entre todo el personal que allí se vaya reuniendo esté el imbécil del caniche, el tipo que se parece a Santi, y el mismo Santi ciscándose en el que escogió la foto el día de su funeral.



martes, 31 de marzo de 2026

VENCER

 



Dime que es lo que te remueve, que es lo que te impide aceptar que, aunque lo intentaste, no conseguiste que su sombra desapareciera. Dime, dime si puedes, que es lo que esperas. Que es lo que crees que ocurre cuando no ocurre absolutamente nada y su contorno se dibuja detrás de tus párpados cerrados. Dime, si puedes, que el paso del tiempo no ha sido más que la cosmética con la que has disfrazado su firme ausencia. Dime, si quieres, que es lo que guardas dentro de ti, lejos de los demás y que, cada vez que bajas la guardia, te vence.
 


domingo, 8 de marzo de 2026

SUPERMAN

 



Había bajado del tren antes de que saliera el sol. Podía coger un taxi o ir andando. No tenía prisa, había tiempo de sobra. En viento de la noche había llenado el paseo de hojas muertas que ahora, con la humedad de primera hora, transformaban el ambiente en algo un tanto pastoso. Le picó la nariz. Hizo un gesto liviano, casi imperceptible, y se rasco hasta que sintió un cierto alivio. La alergia le amargaba la vida y los viajes de trabajo también. Intentó respirar por la boca, sin parecer un perro medio asfixiado y siguió caminando. Al fondo, el día empezaba a clarear. Había ensayado su discurso varias veces y ahora, cuando apenas quedaban un par de horas para darlo, lo había olvidado todo. Tocaba improvisar. Empezó a tararear una canción de los años ochenta, cuando aun tenía pelo y el tabaco no estaba prohibido. Pronto se jubilaría y recuperaría el tiempo, su tiempo. Pero de repente le entró el miedo. Quizá nada de todo lo que antes le gustó, tuviera ahora demasiado sentido. El aire le jugó una mala pasada y mientras intentaba protegerse los ojos con la mano, le pareció verla cruzar. Apretó el paso, cambio de acera y alzó la mano para parar un taxi.


viernes, 20 de febrero de 2026

MARTES

 



Martes. Ni te cases ni embarques. No pensaba hacerlo. Vomito a primera hora como si fuera la Fontana di Trevi. Vuelvo a lavarme los dientes y me rocío con agua de colonia. Salgo de casa con el estómago revuelto, pero el aire me hará bien, seguro. Vuelvo a vomitar antes de llegar al metro. Ahora no hay dentífrico que me rescate y de inmediato me viene otra arcada colosal. El hueco del árbol queda hecho un Cristo de baba y bilis. El estómago anda vacío desde ayer así que no sé qué pretendo que salga. Quizá la mala leche. El maltrato institucional me sienta fatal. Pero no debe de ser eso porque de ser así habría empezado a vomitar en 1993 y no hoy. Entro en un colmado, compro un botellín de agua y un paquete de caramelos mentolados. Me llevo de balde dos servilletas de papel porque voy a atacar el asunto de la limpieza dental a base de frote de celulosa. Al salir, una mujer desgreñada  me grita y me desea algo que no termino de escuchar, pero que no parece que sea nada bueno y no salgo de mi asombro. La peineta que recibo es espectacular. No la conozco, creo. Pero la mujer está poseída como una hidra y cualquiera, si observa la pasión con la que se empeña en llamarme pedazo de mierda, pensará que me he acostado con su marido, con su hijo o con el perro que pasea. No vamos bien, vamos fatal.Mientras intento esquivarla, me entra un arcada feroz y acabó potándole entre las piernas.



domingo, 8 de febrero de 2026

POMPAS DE JABÓN

 


La sujeto por el brazo mientras levanta el pie y se agarra a la barra. Lo hace con fuerza, como si temiera que, a medio camino, mientras levanta el otro pie, fuera a desaparecer y todo el peso de su cuerpo la empujara a besar al suelo. Pero estoy aquí, como ella estuvo antes, y no me moveré. Pero no se fía, ni de mí, ni de ella misma. Su mano se pone blanca y sobre su cuerpo empieza a caer el agua tibia como la lluvia que llega como una bendición. Mamá, ¡qué mala eres! No lo digo yo, lo dice ella, porque el jabón le entra en los ojos y yo, que no soy su madre, no me doy ni cuenta. Y no sé si soy mala, o buena, pero odio los domingos en los que el viaje al pasado es una inversión que ya no cabe. Odio el olor a desinfectante y a crema hidratante. Y pienso que tal vez la maldad está en esas pompas de jabón que dejaron de ser preciosas y divertidas, que se transformaron en una condena chica. Pero después sonríe, con su olor a limpio recién importado, y su mano me acaricia la cara mientras le coloco los pendientes de aguamarinas que le regaló mi padre. Por un instante vuelve a ser ella y en mi cara guardo el calor de madre.



jueves, 22 de enero de 2026

CHARCOS

 


Sucumbir al desánimo es fácil. Acabado el año, tocamos madera esperando que el gesto nos libre de disgustos en el siguiente. Pero la madera debe ser de mala calidad, una madera fake a la que el ritual con el que se pretende exorcizar la mala suerte y el desastre, deja tan pancha que, si pudiera, se reiría en nuestra cara. Y cuando aún estamos deseando un feliz año nuevo a los que no hemos visto en las últimas semanas, el subconsciente toma el pensamiento al asalto y nos pone en alerta porque el nuevo año, de momento, no está trayendo nada bueno. El panorama es desolador y los charcos cada vez más grandes.
Mirar atrás intentando coger perspectiva y relativizar el presente nefasto y el futuro incierto, es un juego de malabares en el que alguien lleva las cartas marcadas y te la va a meter doblada. La situación asusta, agobia y cabrea. El panorama político y social dan ganas de salir corriendo. Pero estamos aquí y ahora. Borrar de un plumazo las desgracias, la mala suerte, la enfermedad y la muerte es imposible. Borrar a los que nos complican la existencia no es nada fácil, como tampoco lo es acabar con los corruptos que nos arrastran por el lodo que nos arruinan la vida y el futuro. Plantarse no es una opción, es una obligación, incluso moral. Pero mientras el momento llega, mientras nos carcome la impotencia del trato desigual, de la coacción, de la ruina económica y moral a la que lo nos están llevando, hay que respirar y desear que el maldito año 2026 se esté quietecito.


lunes, 12 de enero de 2026

IRÁN




Dicen que la foto no está hecha en Teherán, sino en Canadá. Y quienes lo dicen deben creerse ungidos de un poder sobrenatural que les protege de que los demás creamos que son unos imbéciles redomados. La cuestión es otra muy distinta. En Irán, las protestas y el grito, ahora ya no sordo, de las mujeres que reclaman su libertad, sus derechos, ya no hay quien lo pare. Hay que ser muy valiente, muchísimo, para salir a la calle a reclamar lo que por tu condición de ser humano te corresponde. El derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad. Las protestas de las mujeres iraníes descubriendo su pelo, desafiando a la policía de la moral, es de una contundencia aplastante, por las que vienen jugándose la vida desde hace mucho tiempo. Son mujeres fuertes, valientes y vivas, puntales de una sociedad que ha dicho basta a la represión, y que busca de nuevo su camino. Algunos dicen que las protestas las motivan la penuria económica y la galopante inflación, consecuencia de las sanciones y embargos internacionales. Se equivocan, la revolución iraní nace del hartazgo de sus mujeres a una sumisión violenta en la que no quieren seguir viviendo, no hoy, sino desde hace ya muchos años. Por el camino han quedado un buen número de jóvenes que han perdido la vida a manos de un régimen cruel, de ideología asesina. Jóvenes que se han visto obligadas a abandonar su país, sus casas, sus vidas, por la mortal persecución de los radicales que les gobiernan. Pero todos esos cimientos de terror y violencia han empezado a tambalearse. Vienen nuevos tiempos para Irán. La famosa fotografía de una joven preciosa quemando el retrato de un ayatolá, es un símbolo de un valor incalculable. Da igual que la fotografía esté hecha en Teherán, Isfahan, Shiraz o en Toronto, Montreal o en Winnipeg. Un nuevo aire de libertad empieza a recorrer Irán de norte a sur, de este a oeste. Las mujeres de Irán se merecen nuestro respeto y admiración, aunque en nuestro país, algunas políticas que abanderan un feminismo enfermizo, guarden un silencio que apesta.





lunes, 5 de enero de 2026

QUERIDOS REYES MAJOS

 


Queridos Reyes:
Este año la petición va a ser corta y con tendencia al realismo. El panorama daría para escribir una carta digna de una Miss por aquello de la paz en el mundo, el cuidado del planeta, el cambio climático, y todo eso que para la mayor parte de nuestra sociedad se limita a eslóganes que colgar en cualquier red social.
Este año 2025 ha sido, por calificarlo suave, un terremoto en muchos sentidos. Pero ahí estamos, intentando que los analistas de políticas internacionales nacidos por generación espontánea y al socaire de un mundo que ya no conocemos, dejen de darnos la brasa con sus interpretaciones dignas de una pitonisa en horas bajas. Intentando que los defensores de causas nauseabundas y de ideologías repulsivas se mantengan lo suficientemente lejos como para que corra el aire y procurando pasarme al café descafeinado.
Por eso, queridos reyes, esta vez, la carta va a ser un tanto desganada, como los tiempos que corren y sin necesidad de destacar lo buenísima que he sido; ni la santa paciencia de la que he hecho uso en el último año; ni la espartana disciplina que me he impuesto cada día a las seis de la mañana para desecharla, también a diario, un par de horas después. Así que, queridos reyes, haced lo que os de la gana y, si puede ser, sed un poco majos.
Con cariño, o casi.
Anita Noire



martes, 30 de diciembre de 2025

DESPUÉS

 


Y después de la tempestad, vino la calma. Y, después de la calma, llegó la necesidad de mover primero una mano, después la otra; después una pierna, después la otra. Se le despejó la cabeza a la misma velocidad que el cielo volvía a encapotarse. Matar un oso; volar un puente; escupir contra el viento; quererle casi siempre. 













domingo, 14 de diciembre de 2025

BUSCAR


 
Andamos en busca de significado en cada cosa con la que nos cruzamos. A veces, incluso sin saberlo, confiamos en una  suerte de magia reveladora que nos acerque a lo que esperamos, a lo que deseamos. Y mientras andamos por ahí, con una varita de zahorí un tanto maltrecha,  buscamos significados casi por necesidad de sobreviviremos, pero, la realidad nos aplasta sin piedad  y nos manda un recadito para que vayamos asumiendo que, por lo general, las cosas pocas veces significan lo que esperamos. 
Nadie está a salvo  de buscar buscar significados que nos parecen ocultos; de buscar interpretaciones subjetivas con lo que intentar amainar el ánimo. Caer en la tentación de sentirse señalado por lo que otros dicen o hacen suele funcionar de una manera parecida.Toda lectura de la vida, de lo que ocurre a nuestro alrededor, se baña de nosotros mismos.  Los otros, las cosas que nos llegan, casi nunca son un espejo, ni un mensaje. Solo son cosas que pasan, vidas que se viven y sentimientos que se escapan en busca de respuestas que pocas veces existen. Me visto de negro y pienso en lo triste y gris que está el día. No tiene nada de relevante, no hay bache existencial, solo que esta semana puse tarde la lavadora y la ropa clara está pendiente de doblar. Puede que hoy llueva.


domingo, 7 de diciembre de 2025

TOUT FOU

 


El brazo extendido. La mano muerta revuelve el vacío. Busco a ciegas a sabiendas de que no hay nada que encontrar. Pero prefiero el engaño momentáneo para encontrar el consuelo del iluso que apenas dura lo que los ojos descansan de una vida que me agota con tu ausencia. El silencio es denso y la nada cada vez más absoluta. Cerrar la mano y esconder entre los dedos los restos del desaliento.


martes, 25 de noviembre de 2025

Diario 3.0

 


El día que se inventó el WhatsApp la humanidad aceleró su carrera hacia la nada ampulosa y estúpida. No todo se puede decir por un aplicativo, o sí, ya no sé. Ahora las malas noticias pueden escribirse desde donde sea y, de la misma manera, recibirse mientras estás sentado en la taza del WC. Con las buenas puede pasar lo mismo pero, por lo general, para las buenas nuevas, la gente prefiere levantar el teléfono o citarte y de esa manera alegrarse doblemente. Mantengo una extraña relación con la aplicación en la que tengo bloqueada a casi toda la agenda, aplicando un explícito “contigo no bicho”, sin importar el género del titular del número bloqueado. Y vivo bien, sin sobresaltos, sobre todo cuando voy al baño.


*** 

Me peleo con el cajero automático. He iniciado el proceso tres veces. Pido seleccionar billetes porque tengo que sacar treinta euros. No quiero cincuenta, pero la máquina está empeñada en que tengo que vaciar la cuenta más de lo que yo quiero y solo me ofrece billetes grandes. Reinicio la operación de nuevo, mientras insulto al aparato. Le llamo cerdo capitalista, destructor de economías modestas y, de nuevo, parece el mensaje de marras. La disponibilidad solo es de billetes de cincuenta. Al final, opto por ir contra mi propia necesidad y arranco el billete con tanta fuerza que estoy a punto de quedarme con la mitad en la mano y la otra entre los diente del expendedor. La maldita máquina quiere joderme bien el día. 

 ***

Un día te levantas. Todo normal, y como el que no quiere la cosa, te enamoras. Y ese estado, anómalo y trastornado, te penetra como una bala hasta lo más profundo de la cabeza y se instala allí para hacer de las suyas. Y, de golpe y porrazo, la vida se pone patas arriba, pero te da igual porque tienes la hormona loca, y nada es importante, salvo esa locura en la que andas flotando, porque la luz es otra, y todo queda cubierto por la pátina viscosa que deja el enamoramiento sobre todo lo que toca. Y te da igual, los cuarenta, los cincuenta, los sesenta, porque la chispa, que solo alimentas tú, te saca de tu insignificancia mientras sabes que, en realidad, la estás cagando.